EN LA ESPINA DORSAL DEL UNIVERSO

Vamos a hacer huir los maleficios.
Después del tedio general estoy divino.
Nadie va a poder detener nuestros remos.
Quién necesita frenos se ... vienes conmigo.

Vamos a dejar de propagar el duelo,
estamos en la espina dorsal del universo.

No se admiten sapos ni envidiosos,
ni embarcaderos en Miami o poderosos,
diseñadores, publicistas y banqueros,
turistas europeístas y aduaneros.

Vamos a dejar de propagar el duelo,
estamos en la espina dorsal del universo,
en la espina dorsal ...
en la espina dorsal ...

Hijos de Descartes y de la razón.
Tetas de silicona, periodistas del corazón.
Manifestantes de tapas y cañas ... quizás mañana.
Sigmund Freud en la confesión.

Vamos a dejar de propagar el duelo,
estamos en la espina dorsal del universo,
en la espina dorsal ...
en la espina dorsal ...
en la espina dorsal ...
en la espina dorsal ...

¿Cómo se podría escuchar el último disco de Vegas? En esta letra se nota más su trazo que el del Zaragozano Errante, en este trust macabro que se venía previendo estos años.
Suena al principio a más de lo mismo, no voy a mentir: a primeras este disco aburre.

Pero a medida que se va escuchando, se van descubriendo verdaderas joyas, en letra y música. "La Fin", que me recuerda al tema de Leonard Cohen "The stranger song", o este himno postmoderno que no se queja de nadie, pero establece principios, muy similar a la evocación desesperada y trágica de Nacho Vegas en su disco anterior, "Nuevos planes,...", con diferencia, la mejor canción, el mejor concepto.
Y es así: el concepto del album doble, si es que se puede extraer concepto de las entrañas de este par de yonquis baudelaireianos, tan entrañables - valga la redundancia, no está en "El tiempo de las cerezas", canción de despecho con frases de acento a tequila o absintha, sino en la Espina Dorsal..., que a gritos clama lo contrario: "no somos nadie en esta mierda de mundo, pero hay un lugar tranquilo" y -por mi parte aunque sea- "me quedan cinco porros y un nevado para sobrellevar el fin de semana", dándonos a imaginar, así en un estudio lleno de almohadones y bocatas por ahí, y una tele y varios micrófonos y ginebra, lo que quede, de ginebra, en una botella arriba de una mesita, con unas cuantas guitarras por el suelo y unos bongós para que la musa de la canción fluya y se ponga contenta.